Carnismo: ¿Creían que el veganismo era extremista?

Por: Miguel Vásquez

 

Hay una línea muy delgada, casi invisible, que separa los alimentos que necesitamos y sirven a nuestro cuerpo, de los alimentos que queremos, aquellos que nos causan un mayor placer mental o emocional momentáneo que dura lo que tardamos en comerlos. ¿Qué tan enérgicos llegamos a ser después de cada comida? ¿Tenemos más energía o nos quedan más ganas de estar en nuestra cama o lugar favorito para descansar? El cuerpo emite señales sobre lo necesario y eficientes que son los alimentos que ponemos en nuestra boca, pero hemos normalizado estas señales, haciendolas parte de nuestro día, desde cansancio general, cambio de color o aparición de manchas en nuestra piel, palmas o plantas resecas, pérdida de cabello, dolores estomacales, migrañas frecuentes etc.

¿Han dudado de cómo comen? si lo han hecho ¿Por qué dudaron? Las decisiones que tomamos frente a los hábitos alimenticios en muchas ocasiones obedecen a temas culturales y sociales más allá de ser una decisión autónoma y coherente con nosotros. ¿Han oído del carnismo? pues tengo noticias, los veganos o vegetarianos no son los únicos que obedecen un movimiento, el 80% del planeta (o más) también lo hace pero no lo sabe. La Doctora Melanie Joy, lo define como “el sistema de creencias invisible, o ideología, que condiciona a las personas a comer ciertos animales. El carnismo es esencialmente lo opuesto al veganismo, (…) se refiere a un sistema de creencias” (Joy, 2015). Cuando me topé con este tema supe que antes de hacer parte de alguno de estos movimientos, antes de dejar o aumentar el consumo de cualquier alimento era necesario no tragar entero.

 

Dr. Melanie Joy

 

Normalidad, Naturalidad y Necesidad de comer carne

 

La razón principal por la que la mayor parte de la humanidad pertenece a este movimiento es por que comer carne aún obedece a lo que es Normal, Natural y Necesario. La normalidad varía en culturas y por esa diversidad hoy consumimos todo tipo de carnes; perro o gato en Vietnam, caballo en China, Kazajistán o México, murciélago (de este todos nos enteramos este año) en Indonesia, Guam, Tailandia y también lugares donde no es bien visto el consumo de vacas como en la India pero son grandes importadores de carne de Búfalo. Dependiendo del contexto social en el que nos desarrollemos este carnismo se adapta hasta ser “Normal” porque todas las personas lo hacen, todos se alimentan de la misma manera, y si todos lo hacen significa que está bien ¿verdad? “Natural” porque así se ha alimentado el humano durante toda su evolución.

Pero…. ya no cazamos, avanzamos 2,5 millones de años en tecnología, tendencias, inteligencia emocional pero conservamos esta práctica aún, ya no cazamos para alimentarnos y recuperarnos de extensas caminatas de 7 días en las que únicamente comíamos bayas y tomábamos agua de nacimientos. Ahora debemos ir al supermercado favorito después de salir de nuestra jornada laboral de 8 horas escoger el corte y animal predilecto desconociendo la procedencia o condiciones de esta carne. Pero es “Necesario” ¿No? Porque hemos sido educados así. La televisión, el profesor de biología y mi abuela, nos dicen que las únicas fuentes de proteína son las de origen animal, en el gimnasio nos dicen que si queremos músculo y fuerza pues “Necesitamos” carne. Pero rara vez cuestionamos esa Normalidad, Naturalidad y Necesidad porque es más cómodo seguir así, es más fácil…ES NORMAL…

La razones por las que cambié mis hábitos a la hora de comer han sido diferentes , pero hubo un evento especial que me prendió ese botón de la curiosidad y la búsqueda de esa coherencia alimenticia. A mi mamá le diagnosticaron cáncer en el seno izquierdo y en su primer control postoperatorio se le prohibió la ingesta de carnes rojas y embutidos, finalmente venció la enfermedad y yo me llené de preguntas: Si la alimentación le salva la vida a alguien, ¿Qué hace en una persona sana? Esto sucedió hace 10 años, y desde hace 10 años me pregunto ¿Por qué solo unos pocos somos conscientes del impacto real de ciertos alimentos en nuestro cuerpo? ¿Por qué esta información no la tiene todo el mundo? ¿Por qué hay que llegar hasta el cáncer, la migraña y las cuarentenas obligatorias para darnos cuenta de que nuestro cuerpo no es lo suficientemente fuerte y sano para defenderse de las enfermedades?

Mi alimentación es vegana (en una definición muy corta) el veganismo así como el carnismo abarca un conjunto de ideas y acciones que van a tener incidencia en los actuales contextos políticos, económicos, sociales, tecnológicos y ecológicos y yo agregaría sin duda alguna el contexto fisiológico y nutricional humano. Pero mi propósito no es hablarles del veganismo y la salud o darles un listado de productos veganos que deberían consumir, mi propósito es contarles cómo pueden generar esas “conexiones” entre alimentación y los impactos en los contextos mencionados. Esto es a lo que hoy llamamos una alimentación coherente o consciente y es el primer paso para tomar una decisión sobre lo que nos hace bien a nosotros, al planeta y a lo que nos rodea.

Podría sentarme a darles razones que yo he encontrado en estos 10 años de buscar esas “conexiones” y decirles que la ganadería bovina es una de las razones impactan al cambio climático por las quema indiscriminada para generar terrenos (El Espectador, 2020), destruyendo toda la flora y desplazando toda la fauna y eliminando barreras ambientales que nos protegen de la expansión de pandemias, podría continuar con el discurso amarillista sobre el sobreexplotación de las vacas lecheras o de las gallinas ponedoras. Pero no espero contarles lo que seguramente ya han oído en redes, de boca del primo vegano o de la novia vegetariana.

No quiero “convertirlos” de un movimiento a otro, quiero invitarlos a pensar, pensar si estamos en el lado correcto del planeta, si jugamos con o en contra. Si hacemos parte de o sacamos parte de. Preguntémonos por el origen, el ciclo de producción, el empaque y tomemos decisiones coherentes.

 

Alimentación consciente

 

Comemos todos los días, pero ¿con qué frecuencia verdaderamente nos alimentamos? Solemos tener para cada una de nuestras comidas del día lo que se ha decidido que nos guste más, no lo que realmente necesitamos ¿por qué? ¿Quién nos ha enseñado a comer? ¿Fueron nuestros papás, familia, amigos? Nos ha educado la imagen, los colores, los sonidos, la publicidad de las marcas ¿Y por qué no confiar en ellas? Hay un comercial en la televisión nacional que dice “¡Come más carne pero que sea de cerdo!” Pero aún nos seguimos creyendo muy autónomos en nuestras decisiones de consumo. En los empaques de jamones, quesos y salchichas se detalla y se enumeran cada una de sus ventajas por consumirlas: las carnes rojas son la mejor y principal fuente de proteína, la leche es una fuente de calcio sin comparación, pero nadie nos cuenta que esa “mejor fuente de proteína” está situada en el grupo 2A ( Alimentos probablemente carcinógeno para el ser humano según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer IARC ) avalados por la OMS: “En el caso de la carne roja, la clasificación se basa en evidencia limitada procedente de estudios epidemiológicos que muestran una asociación positiva entre el consumo de carne roja y el desarrollo de cáncer colorrectal” (Organización Mundial de la Salud, 2015). Recordemos que justo arriba de este grupo, en la categoría 1 está el asbesto y el tabaco.

Estos dos ejemplos de “Conexiones” solo son una forma de ilustrar mi camino mental para notar esa incoherencia y falta de autonomía que yo estaba viviendo. Estamos en contacto directo con desinformación de lo que consumimos, y hemos normalizado la enfermedad como parte de la vida, como una lotería o algo que simplemente puede pasar. Cuándo realmente lo que estamos haciendo es caminar a ciegas porque cambiar hábitos, sustituir alimentos, investigar sobre ellos puede ser más engorroso y demandar de un pensamiento más crítico que nos lleva a la incomodidad y a largas discusiones familiares.

Así pues, en el tiempo que estuve en estas, puedo concluir que aprendí un par de cosas;

  • Que alimentarnos es diferente a comer y que tiene que ver con hacer conexiones y clics entre nuestros entornos y nuestros cuerpos; en ser autónomos de nuestras decisiones.
  • Que no existen alimentos milagrosos como tomar agua con limón todos los días pero si podemos construir hábitos que nos hagan sentir mejor con el mundo y nosotros mismos.
  • Aprendí que tampoco debemos culpar solo a un alimento de cualquier síntoma o enfermedad que nos depare, nuestros cuerpos también son el resultado de una secuencia de decisión incluso anteriores a nosotros por eso debemos escuchar y entender nuestro cuerpo.

Finalmente que ser vegetariano o vegano o carnívoro o cortar los carbohidratos no nos lleva instantáneamente a ser sanos y superhumanos, así no funciona la alimentación… es necesario entenderla y aplicarla a nuestro contexto actual, para retomar esa coherencia entre nuestro planeta, el cuerpo y lo que realmente lo nutre.

 

Miguel Vásquez

Diseñador Industrial de Profesión
Triatleta aficionado
Entusiasta por la preparación de comida a base de plantas
Promover el Veganismo como solución a más de un problema cotidiano.

 


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Bibliografía

Joy, M. (2015, Diciembre). Beyond Carnism: The secret reason we eat meat.

Organización Mundial de la Salud. (2015). Organización Mundial de la Salud. Retrieved from https://www.who.int/es/: https://www.who.int/features/qa/cancer-red-meat/es/

Soto, J. P. (2020). Quemas, deforestación y sus múltiples causas. El Espectador, https://www.elespectador.com/opinion/quemas-deforestacion-y-sus-multiples-causas-columna-907428/.

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